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No lo soportó y le quitó la vida a su propio hermano

Todo parecía transcurrir con normalidad en el barrio Edén, ubicado en la localidad del Paraíso. Los dos hermanos, criados bajo los más altos valores, habían compartido toda su vida jugando, comiendo, estudiando y paseando juntos. Llevaban una vida aparentemente tranquila y armoniosa. Pero, ¿Qué ocurrió? ¿Cómo es posible que uno de ellos terminara asesinado por su propio hermano?


Los hermanos crecieron y se convirtieron en adultos responsables, uno dedicado a la agricultora y el otro a la ganadería, cada uno destacándose en sus respectivas labores. Un día, su padre les hizo una petición especial: quería un regalo. ¿Un regalo? ¡Sí! ¿Acaso tenía algo de malo? Los hermanos conversaron sobre ello y, con entusiasmo, se dispusieron a cumplir el deseo de su padre.

Llegó el día de la reunión familiar. Cada uno llegó con su obsequio y lo presentó al padre, quien esperaba con ansias descubrir la actitud detrás de cada regalo. Como en toda celebración, el homenajeado comenzó a abrir los presentes mientras sus hijos lo observaban con expectación. Sin embargo, la reacción del padre fue inesperada: recibió el regalo del hijo mayor con cierta tristeza, pues no quedó satisfecho, no era lo que él Padre esperaba, En cambio, el obsequio del hijo menor reflejaba dedicación, esfuerzo, amor y gratitud.

La fiesta terminó, y cada hijo regresó a su hogar. Pero algo oscuro comenzó a gestarse en el corazón del hijo mayor. No pudo aceptar el reclamo de su padre y, consumido por la envidia, su resentimiento hacia su hermano menor creció con cada segundo. La venganza se convirtió en su único pensamiento.

El hermano mayor citó al menor, quien acudió inocentemente sin sospechar lo que estaba por suceder. En el encuentro, el mayor desató una tormenta de recriminaciones, gritos y ofensas. El hermano menor, atónito y desconcertado, escuchaba sin comprender. Sin contemplaciones, el mayor tomó un objeto y golpeó la cabeza de su hermano, quien cayó al suelo inconsciente. Momentos después, dio su último suspiro.

La envidia y el deseo de venganza son los peores consejeros que una persona puede albergar. Solo Dios puede liberar a alguien de este tipo de pecado. Reconozca la necesidad de perdón, pida clemencia a Dios por estos sentimientos negativos, cambie sus actitudes , abandone su vida de pecado y decida caminar hacia Dios. 

Paráfrasis tomada de la historia Bíblica de Caín y Abel. Genesis 4
Adaptada por Josué D. Aya #ElPasDanny
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