Un vehículo de servicio público recorría su ruta matutina de norte a sur de la ciudad, transportando a una diversidad de pasajeros: amas de casa, estudiantes y trabajadores. De repente, el autobús se detuvo, y un silencio sepulcral inundó el ambiente. Minutos después, todas las miradas se posaron sobre el conductor, quien intentaba, con evidente esfuerzo, poner en marcha el vehículo. Sin embargo, todos sus intentos fueron en vano: el autobús se negó a seguir su recorrido. Con incertidumbre, el conductor se levantó y, dirigiéndose a los pasajeros, pronunció con resignación: “Nos varamos”. Como era de esperarse, la conmoción no tardó en apoderarse del autobús. Unos reclamaban que perderían su cita, otros criticaban el servicio, y cada persona asumía un rol en ese incómodo momento. Fue entonces cuando se hicieron evidentes tres tipos de pasajeros. Algunos, resignados, se acomodaron en sus asientos, recostaron la cabeza en el vidrio y esperaron pacientemente a que la solución llegara. ...